ANUNCIANDO LA PUBLICACIÓN DE “LA ESCRITURA DE VERDAD”
AL IDIOMA ESPAÑOL
Shalom en el Nombre de Yahshua nuestro Salvador, un cordial saludo y el mejor deseo de bienestar a todos los fieles y lectores de la Sagrada Escritura; a todos aquellos que con sinceridad de corazón buscan el camino de redención, prometido en el nuevo pacto.
    Hace casi dos mil años que el Salvador Yahshua predicó aquel don Celestial, pero al correr de los años el fundamento angular de aquella promesa se fue degenerando hasta desembocar en una confusión de doctrinas y la sustitución del nombre de los personajes Celestiales, causado por la arrogancia, negligencia y competencia por el poder de los predicadores del Santo libro.
    Pues de aquella competencia organizada de los primeros lideres religiosos, se logró la desaparición del Sagrado Nombre del Salvador y fue reemplazado por el inferior “Iesous” de origen Griego.
    Una verdad indiscutible es que el nombre personal de una persona no cambia tan solo por la diferencia de idioma; aún la costumbre actual demuestra que el nombre de una persona no cambia, tan solo por la diferencia de idioma; si se escribieran sus logros y sus hazañas, se traducirían las palabras referentes a él, pero su nombre permanecerá inalterable. Pero no obstante esta verdad inviolable, los Nombres Celestiales fueron cambiados al arbitrio de los traductores según su propio idioma.
    En el sistema que vivimos hoy día, si alguno anduviera en busca de un familiar  en una grande ciudad, pero sin estar seguro del nombre legítimo, será imposible encontrarlo; aunque quizás, conociendo algunas de sus características, podría obtener algunas pistas, pero se andaría de aquí para allá, sin llegar a encontrarlo. Sin embargo, si en algún momento alguien le corrigiera el nombre legítimo de dicha persona, de cierto que le sería mucho más fácil encontrarla.
EL NOMBRE LEGITIMO DEL PADRE,
REVELADO DESDE EL PRINCIPIO
    Esto mismo, o algo parecido está ocurriendo con muchos devotos lectores del libro sagrado; porque casi todas las traducciones de la Sagrada Escritura han usado nombres y títulos sustitutos; además, los grupos y organizaciones Cristianas quienes predican el evangelio del nuevo pacto, siempre han aceptado esos “nombres y títulos” inferiores, cuales no existen en la Escritura original, por tanto, muchos sinceros creyentes no están muy convencidos, y así andan de un grupo a otro en busca de la verdad.
    Una de las causas de esta inestabilidad espiritual, se debe a que el Sagrado Nombre del Padre Celestial fue ocultado a partir de la primera traducción de la Sagrada Escritura a un lenguaje extranjero. El celo y temor de los primeros traductores (todos Judíos) tramaron ocultar el Sagrado Nombre con pretexto de que no fuera profanado entre los Gentiles (Gente no Hebrea) y entre los indoctos.
    A partir de aquella primera traducción (en Griego), todas las demás traducciones posteriores continuaron con la misma regla de sustituir el Sagrado Nombre, según el idioma del traductor, con lo cual resultó peor que el temor de los Judíos sobre la posible profanación del Sagrado Nombre.
    Pero, ¿Será verdad de que el Padre Celestial tenga un Nombre personal? De acuerdo a la Sagrada Escritura, Sí, pues el Padre Celestial lo declaró al hombre desde el principio, lo cual se puede leer en el libro de Génesis 2:4, que dice: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Yahweh Todopoderoso hizo la tierra y los cielos.
    Noakh (Noé) conoció el Sagrado Nombre y le rindió reverencia antes y después del diluvio, (véase Gén. 7:5 y 8:20.)
    El padre Abraham a quien fue dada la promesa del primer pacto, también conoció el Nombre legítimo del Padre Celestial y lo invocaba, (véase Gén. 12:8 y 13:4.)
    Yitzhak (Isaac) al igual que su padre Abraham, también conoció el Sagrado Nombre y también lo invocaba en sus oraciones, (véase Gén. 26:25.)
    A Yaakob (Jacob) también le fue revelado el Nombre legítimo del Padre, pues Gén. 28:13, dice: “Y he aquí, Yahweh estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Yahweh, el Todopoderoso de Abraham tu padre, y el Todopoderoso de Yitzhak...”
    Al constituirse los diez mandamientos, el primero fue establecer la legítima identidad del Padre Celestial, al registrar la Escritura lo siguiente: “Yo soy Yahweh tu Todopoderoso, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos, (Ex. 20:1.)
    Con toda esta información, ¿Queda alguna duda sobre esta verdad ineludible?
CONOCER EL NOMBRE DEL PADRE CELESTIAL,
¿ERA SOLAMENTE PARA LOS HEBREOS?
    Después de conocer lo anterior, podría surgir la interrogación: ¿fue revelada la identidad personal del Todopoderoso del cielo, solamente para los Hebreos? ¿Qué dice la Sagrada Escritura sobre esta interrogación? En el libro de Éxodo capítulo 9:16, hablando el Padre Eterno a Faraón, le dijo: “Y a la verdad Yo te he puesto para declarar en ti mi potencia, y que mi Nombre sea anunciado en toda la tierra.”
    Salmo 83:15-18, hablando el Salmista por inspiración Celestial, dijo: “Persíguelos así con tu tempestad, Y asómbralos con tu torbellino. Llena sus rostros de vergüenza; Y busquen tu Nombre, oh Yahweh. Sean afrentados y turbados para siempre; Y sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu Nombre es Yahweh.”
    En la dedicación del templo de Yeruwshalem (Jerusalén), el rey Shalomoh (Salomón) orando al Padre Celestial, dijo: “Así mismo el extranjero, que no es de tu pueblo Yisraeyl (Israel), que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu Nombre,...y viniere a orar a esta casa; Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere a ti clamado: Para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre, y te teman, como tu pueblo Yisraeyl, y entiendan que tu Nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué”, (1 Reyes 8:41-43.)
    El profeta Yeshayah (Isaías) cita las palabras del Padre Celestial, quien dice: “Yo Yahweh: este es mi Nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” (Yeshayah [Isaías] 42:8.)
AQUELLA REVELACIÓN, ¿ERA SOLAMENTE
PARA LOS HEBREOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO?
    Algunos lectores de la Sagrada Escritura pudieran suponer que aquella revelación
Celestial, era solamente para el pueblo Hebreo del antiguo Testamento y que no aplica a
los creyentes del Nuevo Testamento, pero, ¿Qué dice la Escritura sobre esta suposición?
    En el libro de los Salmos, hablando el Salmista por el Espíritu del futuro Salvador Yahshua, dice: “Anunciaré tu Nombre a mis hermanos: En medio de la congregación te alabaré” (Salmo 22:22.)
    Aquella profética declaración de Yahshua se cumplió fielmente en el Nuevo Testamento; pues poco antes de su muerte (corporal), orando al Padre Celestial, le dice: “Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame Tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra.” (Yahkhanan [Juan] 17:4-6.)
    Con los dos registros anteriores no queda duda sobre la necesidad de que todo fiel creyente de todos los tiempos, debiera conocer la identidad legítima del Padre Celestial.
¿CUÁNTOS CONOCEN EL NOMBRE HOY DÍA?
    Conociendo todo lo anterior, cabe hacer la siguiente interrogación: De los cientos de millones de Cristianos, quienes basan su creencia y su fe en el libro sagrado, ¿Cuántos conocen  el Nombre personal del Padre Celestial? O también, de los cientos de grupos y organizaciones quienes predican sus doctrinas basadas en la “Biblia”, ¿Cuántos invocan y rinden reverencia al Sagrado Nombre del Padre Celestial? Si alguna persona o grupo predica el contenido de la “Biblia”, ¿Por qué se pasa por alto revelaciones concernientes a esta verdad? Nótese por ejemplo el registro del libro de Romanos 10:13, que dice: “Porque todo aquel que invocare el Nombre de Yahweh, será salvo.”
    El pasaje anterior se registró antes en el libro de Yah’eyl (Joel) 2:32, pero en aquel registro, las versiones populares dicen “Jehová”. El mismo pasaje se repite en el libro de los Hechos 2:21, donde las mismas versiones dicen “el Señor”. Pero solamente en el libro de Romanos, se entiende el propósito de la repetición de dicha Escritura, pues el Apóstol Shaúl (Pablo) sabía muy bien que el hombre había prohibido con anterioridad mencionar el Sagrado Nombre; y aunque se había restablecido para los fieles de su época, él sabía que al correr de los siglos lo volverían a negar por la negligencia y rebelión de los hombres. Por tal motivo, el apóstol agregó en su epístola, lo siguiente: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Romanos 10:14.)
    Si se medita lo anterior con mentalidad abierta, se llegará a una clarísima conclusión: El apóstol sabía que el hombre iba a negar el legítimo Nombre del Padre Celestial. En tal caso, ¿Cómo invocar un “Nombre” que nunca se ha oído antes? ¿Y cómo oírlo si nadie lo predica, ni aparece en las traducciones populares del libro? De no ser esto así, ¿Qué otro sentido se le puede atribuir a las interrogaciones de Romanos 10:13-14?
    Pero el hombre, no satisfecho con negar el Sagrado Nombre del Padre, después que todos los apóstoles murieron, el Nombre del Salvador Yahshua también fue negado y sustituido por el inferior “Iesous” (más tarde Jesús); así ignorado los dos Nombres Celestiales, se cumple fielmente la interrogación profética de Proverbios 30:4, que dice: “¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su Nombre, y el Nombre de su Hijo, si sabes?
    Estas últimas interrogaciones requieren respuestas claras y no-suposición de hombres.

 

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